Cómo enseñar a nuestros hijos a ser más inteligentes emocionalmente
La inteligencia emocional no aparece sola: se construye en la relación cotidiana con los adultos. Nombrar, validar, poner límites y acompañar las emociones ayuda a que los niños aprendan a comprenderse y regularse mejor.
Vanesa Fumero y Cristina Fumero
3/29/2026


Cómo enseñar a nuestros hijos a ser más inteligentes emocionalmente
La inteligencia emocional no es un rasgo innato ni una cuestión de carácter. Es un conjunto de habilidades que se desarrollan progresivamente y que dependen, en gran medida, de cómo los adultos acompañamos la experiencia emocional cotidiana. Educar emocionalmente no consiste en evitar el malestar, sino en enseñar a gestionarlo.
Los errores más habituales
- Minimizar lo que sienten
- Distraerlos rápidamente del malestar
- Ocultarles información importante
Qué hacer en el día a día
1. Nombrar las emociones con precisión
Poner palabras a lo que sienten (“frustración”, “decepción”, “enfado”) favorece que los niños aprendan a reconocer sus emociones y las emociones de los demás.
2. Validar sin justificar la conducta
Reconocer la emoción no implica aceptar cualquier comportamiento. Se puede validar el sentimiento y, al mismo tiempo, marcar límites claros sobre el comportamiento en cuestión.
3. Modelar la gestión emocional
Los niños aprenden más de lo que observan que de lo que se les dice. Mostrar estrategias de autocontrol, reparación y reflexión tiene un impacto directo en su aprendizaje.
4. Acompañar, no rescatar
Permitir que afronten frustraciones acordes a su edad fortalece la tolerancia al malestar y la regulación de las emociones.
Acuérdate de…
Crear espacios para hablar de emociones.
Enseñar estrategias concretas de regulación (pausas, respiración, diálogo).
Vanesa Fumero y Cristina Fumero




