Cuando tu hijo se convierte en “el malo de la clase"

Cuando un niño es visto solo desde su conducta, se corre el riesgo de olvidar lo que hay detrás. Muchas veces, lo que parece “portarse mal” es en realidad una forma de expresar malestar, desregulación o una necesidad que aún no sabe comunicar.

Vanesa Fumero y Cristina Fumero

3/29/2026

Cuando tu hijo se convierte en “el malo de la clase”: cómo acompañarle sin perderte en el intento

Nadie te prepara para este momento. Un día te llaman del colegio y escuchas palabras que duelen: “tiene conductas disruptivas”, “molesta a los compañeros”, “siempre está metido en problemas”. Y, sin darte cuenta, tu hijo deja de ser “el que se despista” para convertirse en “el malo de la clase”.

Si estás leyendo esto, probablemente buscas respuestas.

Lo que suele haber detrás de esa etiqueta

Los niños no se levantan por la mañana pensando en hacerlo mal. Las conductas que molestan dentro del aula suelen ser la punta del iceberg. Detrás, con frecuencia, hay:

  • Dificultades de regulación emocional

  • Problemas de atención o impulsividad

  • Baja tolerancia a la frustración

  • Necesidades sensoriales no atendidas

  • O simplemente un niño que no sabe aún pedir ayuda de otra forma

La etiqueta “su conducta es mala” no explica. Y cuando no se explica, tampoco se podrá poner una solución en marcha.

El error más común

Cuando un niño queda atrapado en esa etiqueta, todo gira alrededor del castigo, los partes, los avisos, las reuniones. Se intenta apagar el fuego desde fuera, sin mirar qué lo está provocando.

Y tú, como madre o padre, quedas en medio: defendiendo a tu hijo, dudando de ti mismo, agotado.

Qué podemos hacer

Cambiar la historia de “el malo” empieza con un cambio de mirada:

  • No te preguntes solo qué hace, sino qué le pasa

  • No busques solo corrección, busca comprensión

  • No intentes controlarlo más, ayúdale a regularse mejor

Si este es tu caso, quiero que te quedes con esto: Tu hijo no está defectuoso. No es un caso perdido. No es “el malo”. Es un niño atrapado en una etiqueta que no eligió, intentando sobrevivir a emociones que aún no sabe gestionar.

A veces, el primer paso no es cambiar al niño, sino acompañarlo de forma distinta.

Vanesa Fumero y Cristina Fumero

Imagen de Freepik