Videojuegos y niños: lo que preocupa a los padres (y lo que dice la ciencia)

Los videojuegos pueden aportar beneficios, pero su impacto depende de la edad, el tiempo de uso, la supervisión y el equilibrio con otras actividades.

Vanesa Fumero y Cristina Fumero

3/29/2026

Videojuegos y niños: lo que preocupa a los padres (y lo que dice la ciencia)

Los videojuegos ya no son algo “del futuro”. Están en casa, en el móvil, en la tablet, en la consola. Y muchos padres se hacen las mismas preguntas:
¿A qué edad deberían empezar? ¿Son buenos o malos? ¿Pueden engancharse?

Vamos a responderlo de forma sencilla.

¿A qué edad es recomendable empezar?

No existe una edad perfecta, pero los expertos suelen coincidir en:

  • Antes de los 6 años, lo ideal es evitar videojuegos de ritmo rápido y pantallas interactivas muy estimulantes.

  • Entre los 6 y 9 años, se recomienda un uso muy limitado, con juegos sencillos, educativos y siempre acompañados.

  • A partir de los 10–12 años, pueden empezar a jugar de forma más autónoma, pero con normas claras de tiempo y contenido.

Cuanto más pequeño es el niño: menos tiempo y más supervisión.

Las dudas más frecuentes de las familias

“¿Pueden volverse adictos?”
Sí, algunos niños son más vulnerables a la dependencia, sobre todo si usan los videojuegos para escapar del aburrimiento, la ansiedad o la soledad.

“¿Les vuelven más agresivos?”
No todos los videojuegos generan agresividad, pero los contenidos violentos y sin supervisión aumentan el riesgo de conductas impulsivas.

“¿Afectan a los estudios?”
Pueden hacerlo si retrasan el sueño, quitan tiempo de los deberes o tiempo en familia.

Cuando los videojuegos pueden ser positivos

No todo es negativo. Usados bien, algunos videojuegos ayudan a:

  • Mejorar la coordinación

  • Desarrollar funciones ejecutivas como la planificación o la solución de problemas.

  • Fomentar la creatividad

  • Aprender a trabajar en equipo

La clave no es prohibir, sino acompañar y poner límites claros.

Señales de alarma que conviene vigilar:

  • Se enfadan mucho cuando se les apaga la consola

  • Pierden interés por otras actividades

  • Mienten sobre el tiempo que juegan

  • Duermen peor

El videojuego es una parte pequeña de la vida, no el centro.

En resumen

Los videojuegos no son el enemigo.
El problema no es que jueguen, sino cómo, cuánto y para qué juegan.

Y ahí, madres y padres, vuestra presencia es el mejor control parental que existe.

Vanesa Fumero y Cristina Fumero

Imagen de Freepik